• agosto 24, 2020

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    Breve historia de los animales que mandamos al espacio

    Pronto llegaremos a Marte. Es un hecho. En un par de años la humanidad pondrá un pie en el planeta rojo, lo colonizará y de ahí partiremos al resto del sistema solar y luego ¡Al Universo! Mientras los aventureros terrícolas surcan el espacio como prueba de nuestras más grandes ilusiones, en la Tierra contemplaremos todo fascinados, como alguien que ve una película de ciencia ficción. Todos estaremos expectantes, alegres y preocupados por el viaje hacia esa penumbra espacial que es lo desconocido. Y sabremos todos en el fondo que esta odisea pudo ser posible gracias a los Nazis y la crueldad animal, dos pilares de la sociedad moderna.

    Sí, el viaje al espacio se produjo gracias a los Nazis. Mientras la Segunda Guerra Mundial estaba en su apogeo Hitler mandó construir en serie el primer misil balístico de largo alcance de la historia, llamado V-2. Cuando la gran guerra terminó los estadounidenses tomaron como botín uno de esos cohetes y a varios físicos que servían al 3er Reich para ayudarlos a conquistar el espacio. Así inició la aventura.Sam voló a una altura de 88 km en 1958. (Fotografía de la NASA).

    Sam voló a una altura de 88 km en 1958. (Fotografía de la NASA).

    Con el tiempo hubo la necesidad de viajar al espacio. Los primeros exploradores no iban a los héroes rubios que se veían en las revistas Pulp ni los cómics. Los primeros seres vivos en llegar al espacio fueron Drosophila melanogaster mejor conocidas como “moscas de la fruta”. En febrero de 1947, despegaron en un V2 en un cargamento de semillas de maíz. En 3 minutos y 10 segundos, el cohete alcanzó los 109 km de altitud, lo cual superó las definiciones de límite del espacio. Todas las moscas regresaron con vida.

    En el 49, los gringos lanzaron un mono llamado Albert I, pero el cohete no llegó al espacio. Así que no cuenta. El primer mamífero que llegó al Espacio se llamaba Albert 2. Los lanzaron desde estados Unidos en 1949. Pero al regresar no funcionó el paracaídas de su cápsula y… quedó como papaya. También murieron Albert 3 y 4.Baker, el mono ardilla que voló en un misil tipo Júpiter al espacio en 1959.

    Baker, el mono ardilla que voló en un misil tipo Júpiter al espacio en 1959.

    Luego vinieron los perros cosmonautas. Los rusos mandaron en 1951 a los perros Tsygan y Dezik a bordo de la nave -1 IIIA-1. Los dos sobrevivieron ese viaje, pero Dezik moriría en una misión posterior junto a otra perra, llamada Lisa. En septiembre de ese año iban a mandar a un perro entrenado, llamado Bolik, pero se escapó un día antes del despegue y lo sustituyeron por ZIB, un perro callejero que se encontraron merodeando por las instalaciones del cosmódromo. La misión fue un éxito.

    Los soviéticos mandaron muchos perros al espacio. Muchos. De verdad. Hasta que el 3 de noviembre de 1957, pusieron en órbita el Sputnik 2, la segunda nave espacial en viajar alrededor del planeta. A bordo de él iba Laika, cuyo nombre en moscovita significa Ladradora.

    Ella pasará a la historia por ser el primer ser vivo en orbitar la Tierra y por haber muerto de una forma horrenda en aras de la ciencia. Se calcula que murió entre las cinco y siete horas posteriores al despegue debido al estrés, el sobrecalentamiento de la cápsula y la falta de oxígeno.

    Oleg Georgievich Gazenko, uno de los principales científicos que participaron en el programa soviético de animales en el espacio dijo en 1998 que no había nada en aquella misión que justificara la horrible muerte de Laika.

    Pero eso no les impidió seguir mandando perros, conejos, ratones, ratas. Insectos, cobayas y muchos más animales hasta 1966, cuando mandaron a Veterok y Ugolyok a orbitar la Tierra por 22 días. Este fue el viaje más largo no tripulado por humanos hasta el Skylab 2 de junio de 1973. Aunque sigue siendo el vuelo más largo realizado por perros.

    Mientras tanto en Estados Unidos seguían con su programa de Albertos. El 13 de diciembre de 1958, mandaron a Gordo, un mono ardilla entrenado por la fuerza aérea que era un tipo duro. Durante su regreso sobrevivió a una gravedad 10 veces superior a la terrestre, 8 minutos de microgravedad mientras su capsula viajaba a 16 mil kilómetros por hora. A lo que no sobrevivió fue a la falla de su paracaídas.Cápsula espacial original en la que viajaban los perros en sus viajes orbitales y suborbitales.

    Cápsula espacial original en la que viajaban los perros en sus viajes orbitales y suborbitales.

    Su capsula se hundió en la tierra y nunca fue recuperada. Un año después enviaron a Able y Baker y ambos monos regresaron vivos, aunque Able murió por culpa de la anestesia, cuando le retiraban un electrodo infectado.

    El 31 de enero de 1961, en uno de los momentos más álgidos de la Carrera Espacial, se vivió un día histórico: una nave del proyecto Mercury condujo fuera de la Tierra, por primera ocasión en la historia, a un homínido que regresó sano y salvo a nuestro planeta después de sobrevolar por unos minutos el espacio exterior. Se trataba de Ham, un chimpancé proveniente de Camerún que fue comprado por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos y llevado a la Base Aérea de Holloman en 1959.

    Durante su histórico vuelo, Ham se comportó a la altura de lo que esperaban los técnicos de la NASA, que lo conocían únicamente como Número 65 (sus entrenadores lo nombraron Chop Chop Chang). Alcanzó una altura máxima de 253 km por encima de la Tierra, superior a lo esperado, siendo el primer vuelo suborbital tripulado por un ser vivo alcanzado por los Estados Unidos. Durante su vuelo, Ham tuvo un período de ingravidez de 7 minutos que no representaron ningún problema para él. Su cápsula amerizó en el Océano Atlántico, a 679 km de distancia del punto de despegue, y fue rescatado con éxito por los técnicos de la NASA.

    Ham tuvo más suerte que otros monos de la NASA, que normalmente fallecían por el estrés, o por los choques de los vuelos de prueba. Durante su entrenamiento, fue el chimpancé más hábil en aprender a mover las palancas de la nave, superando a más de 40 candidatos, sufriendo descargas eléctricas cuando se equivocaba y recibiendo golosinas cuando acertaba.

    El simpático chimpancé se volvió una celebridad, y pudo vivir una vida cómoda, primero en el Zoológico Nacional en Washington y, finalmente, en el Zoológico de Carolina del Norte, donde falleció en 1983 a los 26 años de edad.

    No fueron ni serán los últimos animales que mandaremos al espacio. Cada año viajan junto a las naves insectos, mamíferos y reptiles para orbitar el planeta junto a los astronautas en infinidad de experimentos. El más reciente ocurrió el año pasado, cuando, tras un accidente, una colonia de miles de tardígrados quedaron varados en la luna y ahora están ahí intentando sobrevivir.

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